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La peste, las pulgas y la rata
Que una rata de las cloacas de Estado, se ponga a hablar de
las pulgas, es algo insólito. Las pulgas no suelen comunicarse con las ratas más
que a picotazos. Que una rata se atreva a llamarlas por su nombre y amenace con
desvelar que las pulgas propagan la peste es un milagro del azar.
Pero hay una rata que conoce bien a sus pulgas. Las llama
por sus nombres de pila, recuerda cada uno de sus estragos. Ella estaba allí y ha
sido cómplice del ir y venir de sus parásitos.
Han encerrado a la rata, haciéndola culpable de la peste. Y
ella se sabe inocente, sabe que son sus pulgas las que propagan la enfermedad
mortal. Ella es el mero transporte, como otras muchas ratas. Porque si ratas
hay como autobuses, hay tantas pulgas como pasajeros.
La rata empezó hablando de las pulguitas y continuó
encerrada. Luego siguió con las pulgas, por orden de menor a mayor y no pasó nada,
la rata entre rejas y las pulgas yendo y viniendo. No es casualidad que la
pulga sea el animal capaz de saltar más lejos proporcionalmente a su tamaño.
Una pulga, en unas Olimpíadas, saltaría 500 metros de altura sin hacer ni un
Fosbury.
Y a la rata se le acaban las pulgas de las que hablar. Sique
encerrada. La rata sigue siendo culpable de la peste.
Pero esta rata está dispuesta a morir matando a todas sus
pulgas. No va a dejarlas escapar.
Y todos le daremos las gracias si por fin nos cuenta la
verdad del 11M.
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