|
[11:38 a. m.]
Una siesta con María Teresa
Llevaba días sin poder echarme a la siesta y ayer, por sorpresa, se dieron las circunstancias apropiadas para disfrutar una.
No me gustan las siestas al estilo antiguo, aquéllas de pijama, palangana y orinal, sino algo más prácticas, en mi sillón orejero ignífugo (por si se me suelta el habano de entre los dedos) y con la tele encendida, pero bajita.
Ni me preocupo de lo que están poniendo. La dejo funcionando a poco volumen porque es sabido que , en ésas condiciones, produce un infrasonido que ayuda a dormir.
Total, allí estaba yo con mi duermevela cuando, de repente, en medio de los susurros que llegaban del aparato, escucho “Irak”. Hice un esfuerzo para no abrir los ojos, pero a los pocos segundos distinguí con claridad la palabra “Aznar” y luego “atentados” y después “gobierno mentiroso”. Me resistí un poco más, pero fue inútil. Cuando quise darme cuenta ya estaba con los ojos como platos y ante mí estaba María Teresa, fastidiándome desde la caja boba.
Busqué el mando a distancia desesperadamente, para poner Fox Kids, pero lo había dejado unos metros más allá, cerca de la televisión, y no podía alcanzarlo sin levantarme y romper definitivamente el hechizo de esos minutos de descanso.
Bueno, me dije, resignación...Vamos a escuchar un poco...
Allí estaban cuatro completos desconocidos para mí, junto a María Teresa. Dos a su izquierda y otros dos a su derecha. No creo que la posición tuviese el menor simbolismo porque, excepto una señora que entre balbuceo y balbuceo parecía decir algo congruente, los otros tres repetían las ideas que día tras día machaca El País. Uno de ellos, de pelo blanco con varias horas de salón de belleza sobre su cráneo, estaba cabreado con todo el mundo, otros dos sólo con el PP y los americanos y María Teresa azuzaba el cabreo, que de eso sabe un rato.
Un consejo para el realizador: cuando salen desconocidos dando opiniones, hay que poner cartelitos con sus nombres. Para no molestar, es mejor ponerlos abajo, pero con letras grandes, que los podamos leer los que tenemos la tele pequeña y sepamos así cómo se llama su familia, para acordarnos de ella si la causa se tercia.
Como en realidad no tenían nada de lo que discutir, todos estaban de acuerdo, se pasaban la palabra con elegancia torera, en una clara demostración de que aquello era una tertulia modelo y consiguieron provocar en mí el mismo efecto que los infrasonidos. Me dormí.
En un momento determinado, algo llamó de nuevo mi atención. Era un hilillo de voz agónica que intentaba comunicarse. Se notaba perfectamente que contenía su enfado con dificultad y parecía hablar desde una conexión telefónica diciendo más o menos...
-...No comprendo cómo no han hablado ustedes de las revelaciones de El Mundo sobre los GAL y los explosivos del 11M...
Abrí los ojos y alcancé a ver cómo María Teresa movía en la silla su enorme trasero en un claro gesto de incomodidad, los dos de la izquierda colocaban rostro condescendiente y “el canas”, muy indignado, apostillaba:
-Mire señora, es que las cosas que dice El Mundo no tienen la menor credibilidad. Ya se sabe que el señor Ramírez está muy dolido con el señor Vera por haber intervenido en aquella historia del video con una señora dominicana.
Los demás tertulianos asintieron y el programa terminó al instante. Comenzó el telediario hablando de la semifinal del Valencia con el Vilareal como noticia del día y yo, ¡por fin!, conseguí disfrutar mi siestecilla sin más interrupciones.
Juan Hispano
|