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[10:20 p. m.]
EL SÍNDROME DE ESTOCOLMO
La reacción por la cual el torturado justifica y comprende a sus torturadores, forma parte de la misma naturaleza humana. Se produce de forma natural y espontánea en un porcentaje alto de casos criminales y cualquier psicólogo sabe que ese porcentaje puede aumentarse enormemente con la adecuada manipulación.
He vuelto a leer muchos foros de los días 12 y 13 de marzo y en la mayoría de ellos, lo que allí se expresa es un ejemplo claro de ese síndrome.
“Nos lo merecíamos”. “Eso nos pasa por haber apoyado a Bush en la guerra de Irak”
E inmediatamente después, una reacción que siempre acompaña al síndrome de Estocolmo: la búsqueda de un culpable ajeno a los hechos. “La culpa la tiene el del bigote por meternos donde no nos llaman”.
El síndrome de Estocolmo es una manifestación de la debilidad humana y una prueba de lo fácilmente manipulables que somos. Desde fuera resulta un espectáculo patético. Recuerdo a algunos secuestrados de ETA que lo han sufrido, marcando éste sus manifestaciones inmediatamente después de ser liberados y siempre me he quedado perplejo de las cosas que decían. Sólo les faltaba dar las gracias y pedir perdón a sus secuestradores.
Fuera de la extraña lógica del que sufre el síndrome, las cosas están meridianamente claras.
Al Qaeda no tiene nada que ver con la guerra de Irak. Tiene que ver con la de Afganistán, que fue apoyada por todo el mundo occidental sin fisuras y por tanto, que alguien relacione un atentado de Al Qaeda con la guerra de Irak es sólo un acto de desinformación para justificar a los terroristas y masificar la aparición del síndrome de forma interesada.
Al Qaeda tiene que ver con el terrorismo, y en esa guerra llevamos 30 años en solitario y tres años con el apoyo de otros socios empeñados en erradicar el mismo problema.
Que algunos oportunistas provoquen un síndrome de Estocolmo colectivo, es simple y llanamente seguir el juego de los propios terroristas y colaborar a que estos consigan sus objetivos.
Nos cabe ser la primera democracia que ha caído en la trampa. Dudoso honor. Especialmente para los que ,sin escrúpulo alguno, han sacado provecho político del 11M.
Lo malo del asunto es que el Síndrome de Estocolmo tiene un efecto reflujo a las pocas semanas, produciendo un vacío moral terrible en aquellos que lo han sufrido y que en muchas ocasiones les acompaña durante toda su vida. Lo peor, por tanto, está por llegar todavía.
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